Cusco paga la luz más cara del país: la paradoja de Camisea y el encarecimiento de la vida
La región que produce casi la mitad de la electricidad nacional sufre tarifas asfixiantes, lo que frena a los emprendedores y consolida una brecha estructural contra las MYPEs cusqueñas.
La Capital Histórica enfrenta una contradicción inaceptable: mientras alumbra el futuro energético del Perú con el gas de Camisea, sus habitantes cargan con la tarifa eléctrica más costosa del país. Esta realidad golpea directamente el bolsillo de las familias cusqueñas y representa un freno estructural para el desarrollo económico local, generando indignación en una ciudadanía que percibe este cobro como un castigo injusto por el simple hecho de consumir energía.
El Instituto Cusqueño de Economía ha ratificado técnicamente lo que el ciudadano común siente al recibir su recibo mensual: la región está financiando un sistema centralista que extrae sus recursos y devuelve un trato de tercera categoría. Esta brecha no es meramente comercial, sino una traba profunda que encarece la vida en una zona donde la pobreza aún no ha cedido al ritmo esperado, consolidando una desigualdad que beneficia a Lima gracias a subsidios y cercanía infraestructural, más contexto en Cusco: denuncias por extorsión se multiplicaron siete veces desde 2019.
Esta disparidad energética condena a las provincias cusqueñas a perder competitividad frente a la capital. La pregunta central para el desarrollo local es cómo pretender consolidar la reactivación de las micro y pequeñas empresas si el costo básico de producción nos coloca en desventaja inmediata. El centralismo energético no solo afecta el hogar, sino que asfixia la capacidad productiva regional, dificultando la inserción justa en la economía nacional.